Big Data e Inteligencia Artificial tienen una relación sinérgica. Esto implica que pueden trabajar, a su manera cada uno, por un objetivo común. Pero además de ser una relación colaborativa, es transformativa al tener la capacidad para modificar la forma en que concebimos hasta ahora procesos de tratamiento de la información o de aprendizaje, por mencionar dos campos con mayor exposición al impacto de estas tecnologías.
Los dos, Big Data e Inteligencia Artificial, son motores que hoy impulsan la innovación en ciencia y tecnología, generando un entorno digital con proyección sin límite, pero también lo que se conoce como Industria 4.0.

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El objetivo parece simple, y de hecho puede ser plasmado en una sola frase: procesar y almacenar cantidades extraordinarias de datos, estructurados, no estructurados o semiestructurados, para generar nueva información valiosa para la toma de decisiones.
¿Cómo funciona esta relación y cómo cambia nuestro presente y propone un futuro hasta ahora no imaginado? Sobre ello reflexionamos el día de hoy.
La revolución de los grandes datos
El concepto de Big Data ya era popular en la última década del siglo XX. Sin embargo, en aquellos días no se entendió exactamente la dimensión y la capacidad transformadora de esta tecnología.
Podríamos decir en términos coloquiales que el bebé nació prematuro. El mundo aún no estaba preparado para aprovechar este nuevo modelo de procesamiento de la información. Hoy, Big Data llega a la madurez y anuncia una disrupción con respecto a la forma de aprender, de procesar información y de hacer negocios.

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Las empresas tienen ahora la oportunidad de aprovechar las cinco “V” que ofrecen los procesos de Big Data, con la escalabilidad de la Inteligencia Artificial. Y aquí está la verdadera revolución. Pero antes de entrar en ella, conozcamos las cinco “V” que definen un concepto integral para Big Data:
Volumen: la primera V nos habla de la capacidad que tiene Big Data para procesar cantidades de datos a nivel Tera, disponibles por primera vez en la historia.
Velocidad: la segunda característica es la velocidad de procesamiento. Lo que antes se hacía en semanas o meses, ahora se puede obtener en minutos o incluso, en segundos.
Variedad: la tercera característica nos habla de la capacidad que tiene Big Data para procesar diferentes tipos de archivos, cuya complejidad va más allá de las clásicas tablas bidimensionales. Datos estructurados, semiestructurados o no estructurados, pueden ser procesados en conjunto o por separado.
Valor: Los datos útiles son apenas unos pocos peces que nadan entre millones de datos inútiles. Extraer, filtrar y clasificar esos pocos datos útiles, aumentando la densidad de valor, es la cuarta característica que define Big Data.
Veracidad: De esta cuarta característica se deriva la quinta: la veracidad. Los datos que se obtienen tienen un alto valor debido a su confiabilidad y autenticidad, lo que los hace especialmente valiosos para la toma de decisiones o para actividades de análisis y minería de datos.
¿Qué es la Inteligencia Artificial?
Inteligencia Artificial es un concepto que involucra diferentes tecnologías, que trabajan para que un ordenador, o un sistema informático, realice tareas o procesos que simulan el pensamiento y la inteligencia humana.
La cotidianidad moderna ya nos entrega funcionalidades prácticas del uso de este tipo de tecnología: asistentes virtuales como Alexa, sistemas de reconocimiento de voz, reconocimiento de imagen, controles biométricos, conducción autónoma de coches, entre otras muchas, son funcionalidades que son posibles gracias a la Inteligencia Artificial.
El objetivo esencial de IA es dotar de herramientas a máquinas o sistemas, para que realicen tareas complejas, en las que es preciso tomar decisiones, reemplazando así la intervención humana.
Un elemento diferenciador e innovador que incorpora IA, es la capacidad de autoaprendizaje. Este elemento utiliza la percepción visual y el reconocimiento de emociones para aprender y generar modelos de tratamiento de la información más eficientes que los impulsados por el cerebro humano, tomando decisiones en términos de nanosegundos, eliminando la probabilidad de error.
Big Data e Inteligencia Artificial - ¿Cómo se relacionan?
Inteligencia Artificial requiere datos a nivel masivo para aprender y tomar decisiones con un alto grado de precisión. Big Data, por otra parte, necesita las funcionalidades de IA para procesar y analizar más datos, en menor tiempo y con mejores resultados.
Inteligencia Artificial, aplicada a Big Data, genera nuevas funcionalidades que cada uno de ellos no puede producir por separado:
Detección de desviaciones: IA puede analizar datos suministrados por sistemas de Big Data, detectando comportamientos o resultados inusuales, utilizando para ellos bots, marcadores de rangos predefinidos o sensores de anomalías.
Predicción de resultados futuros: IA tiene la capacidad para identificar condiciones o resultados que indican la probabilidad de que se produzca un resultado futuro predecible.
Reconocimiento de patrones: IA tiene la capacidad de reconocer, identificar y aislar patrones, en grandes bloques de datos, imposibles de identificar por el cerebro humano.
En la práctica, la sinergia que se produce entre Inteligencia Artificial y Big data permite anticipar tendencias de mercado, analizar el comportamiento de los consumidores, segmentar bases de datos para llegar a ellos con contenidos y productos que satisfacen plenamente sus expectativas, y, en general, tomar decisiones con un alto grado de asertividad y efectividad.
¿Big Data e Inteligencia artificial reemplazarán el cerebro humano?
Algunos expertos afirman que esto nunca será posible. Otros, sin embargo, pronostican lo pronostican como una realidad en un término no mayor a 20 años, de acuerdo con la tendencia de crecimiento de la capacidad de las máquinas para ver, entender, predecir, interactuar y tomar decisiones.

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Sin duda estamos en un punto de inflexión en el cual es preciso decidir si se avanzará en este camino, con los riesgos que ya anticipan algunas producciones literarias o cinematográficas, o establecemos un alto en este punto.
Por ahora, la capacidad que tiene el cerebro humano para tomar decisiones considerando condiciones éticas o morales, sigue marcando una brecha hasta ahora insalvable, para diferenciar el razonamiento humano con respecto al de las máquinas.
Los beneficios son muchos. Las oportunidades, en comparación con los riesgos, parecen tolerables. Nos gustaría conocer tu opinión.
